Los gritos del silencio
Quisera habitar en los gritos del silencio
pero mi voz no se oye y el grito no traspasa mis labios
se ahoga y enmudece.
La cometa de chispeantes ojos
cuando la sueltas, se aleja o pierde su vida -pensé.
Me pides que detenga el tiempo
que evite tu dolor
que no borre tus recuerdos
que los impulsos eléctricos que guian mi pluma
no sean como una lanza en el costado
mientras el cielo está en movimiento
y mi cuerpo se mueve sin ser movido.
La sonrisa brilla en cuarto menguante
como un gato en el país de las maravillas.
Las piedras exudan agua
observo mi mano y veo a través de ella
los surcos que ha dejado la vida
torpe selva de animales heridos.
Tras la batalla, sembré la tierra con sal
y deje las naves ardiendo en este diario de fábula
y estabas allí, simplemente, mi desconocido.
Parece que me esperabas desde la eternidad y que llegabas
desde el otro lado del mundo para que te diera vida.
Duele adentro lo que aún se desconoce
porque junto al amor comienza el infinito.
¿Tiene sentido esta larga lucha para quedarnos solos o el sentido final es precisamente la soledad?
Entre los huesos y los libros
descansa mi alma barca
cubierta con su viejo gabán
que habita en un cielo extraño de dimensiones internas.
Arantxa Serantes


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